El extranjero (en francés: L'Étranger) es una novela publicada en 1942, la primera del escritor francés Albert Camus. Si bien los primeros bosquejos datan de 1938, la novela no toma forma sino hasta los primeros meses de 1940 y Camus seguirá trabajando en ella hasta 1941. Está dividida en dos partes, cada una de ellas, con una serie de capítulos. El protagonista, Meursault, es un francés argelino indiferente a la realidad que le rodea por resultarle absurda e inabordable. Es una de las cuatro obras que constituyen lo que el autor denominó “ciclo del absurdo”, que describe los fundamentos de la filosofía camusiana: el absurdo. Esta tetralogía comoprende, a su vez, el ensayo El mito de Sísifo, así como también las obras de teatro Caligula y El malenetendido. La novela fue traducida en más de sesenta lenguas y es la tercera obra francófona más leída del mundo, solo después de El principito de Antoine de Saint-Exupéry y Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne. En 1967, el libro fue adaptado al cine por Luchino Visconti y protagonizado por Marcello Mastroianni. El grupo inglés The Cure se inspiró en el libro para componer la canción «Killing an Arab».
ÍncipitEl íncipit de El Extranjero es considerado uno de los célebres de literatura francesa. Las primeras frases de la novela, en su idioma original, son las siguientes:
Aujourd'hui, maman est morte. Ou peut-être hier, je ne sais pas. J'ai reçu un télégramme de l'asile : « Mère décédée. Enterrement demain. Sentiments distingués. » Cela ne veut rien dire. C'était peut-être hier.
O, traducido al español:
Hoy murió mamá. O quizás ayer, no lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Madre fallecida. Entierro mañana. Condolencias.” Eso nada quiere decir. Fue quizás ayer.
Ya desde el comienzo mismo, este narrador se muestra al lector como poco involucrado, mostrando incluso una cierta molestia o irritación, poco esperable a la solemnidad de la situación. El protagonista dará luego la misma impresión cuando esté frente al tribunal ante el que comparece, anunciando un epílogo trágico.
ArgumentoLa novela pone en escena a un personaje ―quien es, a su vez, el narrador― de apellido Meursault, que vive en Argel (Argelia francesa). Al comienzo de la primera parte, el protagonista recibe un telegrama anunciando que su madre ―a quien él habría puesto en un asilo debido a sus magros ingresos y dificultades para mantenerla― acaba de morir. Viaja entonces al asilo de ancianos, ubicado cerca de Alger. Pasa toda la noche junto al cajón ya cerrado de su madre y asiste al día siguiente al funeral, sin mostrar la actitud de un hijo en duelo. Ni llora, ni simula ninguna angustia que en realidad no sienta.
Al día siguiente del entierro, Meursault decide ir a nadar al puerto y allí se encuentra con Marie, una empleada que había trabajado en la misma empresa que él. Esa noche salen a ver una película cómica de Fernandel y pasan el resto de la noche juntos. Al día siguiente, su vecino, Raymond Syntès, un proxeneta, muestra al protagonista su deseo de ser su amigo y le pide ayuda para escribir una carta para vengarse de su amante, de quien Meursault se percata sería morisca. Raymond piensa que su amante le habría sido infiel, se muestra físicamente muy violento con ella y luego teme la represalia del hermano de ella.
A la semana siguiente, Raymond golpea y hiere a su amante en su departamento. La policía interviene y aquel es llevado a la comisaría. Raymond usa a Meursault como testigo. Al salir, él invita a Meursault y Marie a almorzar el domingo siguiente a una casa en la playa que pertenece a Masson, amigo suyo. Ese día Marie pregunta al protagonista si quiere casarse con ella. Responde que eso no tiene ninguna importancia, pero que aceptaría de buen grado.
Después de un buen almuerzo de mediodía, Meursault, Raymond y Masson dan un paseo por la playa y se cruzan a tres “árabes”, uno de los cuales es el hermano de la amante de Raymond. Se produce entonces una riña durante la cual aquel es herido por un cuchillo. Después de haberse hecho las curaciones, Raymond regresa a la vera del mar en compañía de Meursault y se encuentran con dos de los árabes. Meursault, sabiendo que su amigo portaba un arma de fuego, se la pide para así evitar una situación dramática. Más tarde, el protagonista, solo en la playa y abrumado por el calor y el sol, se topa nuevamente con uno de los árabes tirado bajo el sol. Sin razón aparente, se acerca a él y el árabe blande su cuchillo. Con el revólver que Raymond le había confiado, lo asesina con un solo tiro y, después de una pausa, dispara cuatro veces más sobre el cuerpo inerte.
En la segunda parte de la novela, Meursault es arrestado e interrogado. Sus propósitos sinceros e ingenuos incomodan al abogado defensor. No manifiesta ningún remordimiento: solo cierta molestia. A lo largo del proceso, el protagonista es interrogado más sobre su comportamiento en ocasión de la muerte de su madre que en relación con el asesinato. Meursault se siente excluido del proceso en el que se lo juzgaba. Dice haber cometido el homicidio a causa del sol, lo que produce risa entre los miembros del jurado. El sol provoca (todo según él) una distorsión de la percepción. Es finalmente condenado, en nombre del pueblo francés, a morir en la guillotina. A pesar de todo, el limosnero lo visita para que se confíe a dios en sus últimos momentos de vida, pero Meursault lo rechaza. Cuando el limosnero le dice que rezará por él, Meursault entra en cólera y lo echa de su celda.
Tras el altercado con el limosnero, el condenado toma conciencia de “la tierna indiferencia del mundo” y acepta la ausencia de sentido predefinido de la condición humana. Declara entonces sentirse dichoso y listo para afrontar su muerte, hallando la paz en la serenidad de la noche y deseando incluso que, el día de su ejecución, asista una gran cantidad de espectadores enojados.
El protagonista jamás se manifestará contra su ajusticiamiento ni mostrará sentimiento alguno de injusticia, arrepentimiento o lástima. La pasividad y el escepticismo frente a todo y todos recorre el comportamiento del personaje: un sentido apático de la existencia y aún de la propia muerte.
AnálisisLa obra de Camus advierte sobre el hombre que está siendo creado. Es una denuncia frente a una sociedad que olvida al individuo. Fue premonitorio respecto al ciudadano occidental que se encontrará la sociedad tras la Segunda Guerra Mundial.
Camus escribió una obra provocativa en cuyo trasfondo aparece el rostro desgarrado de una Europa herida y violentada por dos guerras mundiales. Pintó una historia gris en la que el paisaje está oscurecido por la extirpación de cualquier pasión o voluntad del hombre.
Meursault es el personaje que encarna ese sentimiento de profunda apatía por todo lo que le rodea haciéndose de manera más ostensible en la actitud ante la muerte de su madre.
Pensé que, al fin y al cabo, era un domingo más, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que, después de todo, nada había cambiado.
El protagonista personifica la carencia de valores del hombre, degradado por el absurdo de su propio destino: ni el matrimonio, ni la amistad, ni la superación personal, ni la muerte de una madre, nada tenía la suficiente importancia ya que la angustia existencial de este antihéroe inundaba todo su ser.
Así su ateísmo estaba justificado: la vida no tenía ningún sentido fuera de uno mismo, la confianza en fuerzas externas a sí le producía una sensación de caída hacia el abismo de lo incierto.
La búsqueda de la felicidad no se hallaba en esa religión, ni en la confianza en una sociedad cuyos mecanismos y leyes son desconocidos al individuo, sino en la seguridad de la propia existencia, en la conciencia de ser.
Ninguna de sus certidumbres valía más que un cabello de mujer. […] Yo parecía tener las manos vacías. Pero yo estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esa muerte que iba a llegar.
Meursault se transforma así en un extranjero que juzga y remueve los fantasmas de una sociedad angustiada, cuya moral, carente de sentido, regula la vida de un todo social; esa moral que condena a muerte de igual manera a un hombre que no llora la muerte de una madre que a un asesino.
En nuestra sociedad, un hombre que no llora en el funeral de su propia madre corre el peligro de ser sentenciado a muerte.Véase también
- Anexo:Los 100 libros del siglo de Le Monde
- El extranjero, Emece Editores - marzo de 2004, (ISBN 987-1144-31-8)
- BARRETTO, Vicente. Camus: vida e obra. [s.L.]: José Álvaro, 1970.
- CAMUS, Albert (2010), El extranjero, Editorial La Nación, España.
- Datos: Q163297
- Multimedia: The Stranger (Camus) / Q163297