La casa de Mango Street (Símbolo)
La casa de Mango Street es un símbolo de la limitación socioeconómica. Representa la desilusión de Esperanza frente al idealizado sueño americano. Su estructura pequeña y deteriorada evoca una vergüenza que la protagonista de la novela padece día a día. Salir de esa casa es romper con las limitaciones impuestas por la pobreza y el patriarcado, y buscar una identidad propia.
Los zapatos de taco alto (Símbolo)
Los zapatos de taco alto simbolizan el despertar sexual de Esperanza y sus amigas, y la transición ambivalente hacia la madurez. Al ponérselos, las niñas experimentan una transformación física que atrae la atención masculina. No obstante, este símbolo de "belleza" se convierte rápidamente en una fuente de vulnerabilidad, ya que los hombres de inmediato empiezan a acosarlas.
Las ventanas (Símbolo)
Las ventanas simbolizan el confinamiento doméstico. Son el umbral donde las mujeres del barrio, como la bisabuela de Esperanza, Mamacita o Rafaela, "apoyan su tristeza" mientras contemplan una vida exterior a la que no se les permite acceder. Las ventanas son la frontera entre el encierro y el anhelo de libertad. Para la protagonista, heredar un "sitio junto a la ventana" equivale a aceptar un destino de subordinación y silencio. Su rechazo a este símbolo es un acto definitivo de afirmación de su identidad y autonomía.
Los besos (Motivo)
En La casa en Mango Street, los besos son un motivo recurrente que, lejos de representar afecto, funcionan como herramientas de coerción y poder. Esperanza es besada en la boca dos veces a la fuerza: una en el trabajo y otra en la feria de diversiones. Un vagabundo, además, le ofrece un dólar a Rachel a cambio de un beso. Así, los besos consolidan la idea de que el despertar sexual está intrínsecamente ligado a la vulnerabilidad y la pérdida de la soberanía personal.
Los animales (Motivo)
Los animales son un motivo literario recurrente. La casa en Mango Street está llena de perros, gatos, pájaros, un mono... Muchos de estos animales son parte del escenario en el que Esperanza vive, y otros son mencionados por la narradora en comparaciones o metáforas.
Este motivo literario le sirve a la autora para dar cuenta del paisaje barrial en el que viven las protagonistas, y también para construir la cosmovisión y el lenguaje infantil de Esperanza, que, pese a todo lo que vive, es simplemente una niña. La narradora dice, por ejemplo, que su bisabuela y ella son "mujeres caballo"; llama a Cathy "la reina de los gatos", e incluso compara su casa con un gato que está sentado sobre sus patas traseras.