El ratón muerto y congelado en la guantera del auto
La imagen visual del ratón muerto y congelado que Eileen guarda en la guantera del auto tiene un fuerte impacto simbólico:
“En la guantera del Dodge guardaba un ratón de campo muerto que había encontrado un día en el porche, congelado y formando una bola. Lo había cogido por la cola y lo había hecho girar en el aire durante un momento, y a continuación lo había arrojado a la guantera (…) Aquel invierno, de cuando en cuando le echaba un vistazo, comprobaba su invisible descomposición en el frío gélido.” (17).
Por un lado, aporta un tono sórdido y macabro al relato, y revela la mente perturbada de Eileen. Ella experimenta cierto goce al tener al animal ahí, disfruta de ejercer poder sobre seres más vulnerables que ella, como un modo de compensar sus sentimientos de inferioridad y fragilidad. Además, Eileen compara el aspecto del ratón con el de los niños de Moorehead, lo cual refuerza la idea de que ella se siente mejor consigo misma al observar a otros en situaciones más desfavorables. Así, la imagen del ratón funciona como un reflejo de la psicología de Eileen: su necesidad de ejercer el control que no consigue sobre su vida, su dificultad para empatizar con el sufrimiento ajeno y la tendencia a buscar alivio a través del dolor de otros.
El cuerpo inerte de Rita Polk viajando en el asiento del acompañante
La imagen del cuerpo de Rita Polk viajando al lado de Eileen en su salida de X-ville es inquietante y siniestra: “Al tomar una curva, sus manos -anchas y azules por el frío- cayeron sobre el asiento que quedaba entre nosotras. Las recogí y volví a colocarlas suavemente en su regazo” (274). Rita no viaja como pasajera, sino que va inconsciente, como rehén, y el lector sabe que está a punto de morir. La descripción de sus manos, azotadas por el frío, casi sin circulación sanguínea, y el modo en que Eileen las manipula como si se tratara de un objeto, refuerzan la sensación de que Rita Polk es casi un cadáver.
Por otro lado, la naturalidad con la que Eileen la ve y la mueve, como si se tratara de una muñeca, añade un matiz macabro a la escena. La suavidad con la que la trata contrasta con la violencia de la situación, ya que la señora Polk está al borde de la muerte por lo que Eileen y Rebecca le hicieron. La imagen transmite el desapego y la falta de empatía de Eileen, así como su incapacidad por dimensionar la gravedad de lo que sucede. Todo ello contribuye a la atmósfera oscura y perturbadora del final de la novela.
El descenso de Eileen y Rebecca al sótano
La escena del descenso de Eileen y Rebecca al sótano está cargada de imágenes visuales, auditivas y táctiles que remiten a la oscuridad, la muerte y la degradación moral que los personajes experimentarán en la escena que sigue:
“…tuve la impresión de que bajábamos al fondo de un viejo barco o una tumba. Se balanceaba la luz de la bombilla desnuda, y proyectaba afiladas sombras negras que se extendían y contraían sobre el suelo de tierra (…) La humedad fría y oscura del sótano atajó todos mis temores, aplacó el sonoro palpitar de mi corazón” (249).
El sótano es descripto como el fondo de un barco viejo o una tumba, por la falta de luz, el juego de sombras y el frío. Esta ambientación lúgubre es acrecentada por el hecho de que el suelo es de tierra y el aire es húmedo y pesado, por el encierro y la falta de luz natural. Asimismo, el juego de sombras genera un efecto de terror.
Todas estas imágenes convierten el espacio nuevo en un lugar inquietante. Asimismo, son el correlato de la oscuridad de la escena que vendrá y de la perversión moral que Eileen atravesará en ella, al transgredir las normas sociales y cometiendo un acto criminal que le hará perder toda su inocencia.
La foto del señor Polk muerto
La imagen del señor Polk muerto es introducida a través de una foto que Rebecca presenta a Eileen, y que forma parte de la evidencia que el equipo forense obtuvo para investigar el crimen. Por lo tanto, es una imagen cruda y violenta, que genera un alto impacto en Eileen. La narradora lo recuerda de la siguiente manera:
“Volví a mirar la foto. El hombre tenía los ojos entreabiertos, como si mirara hacia abajo de manera furtiva. Tenía los brazos encima de la cabeza y los dedos en desorden, arrugados contra la mesilla de noche (…) …al señor Polk le habían arrancado la vida de cuajo. La muerte estaba allí, viva en la foto” (231).
El cadáver del señor Polk está desparramado por el suelo, tal como la muerte lo encontró. La imagen es tan potente que Eileen tiene la sensación de que en la foto la muerte está viva, latente y fresca. La violencia que la foto deja entrever es representada en la imagen de la vida arrancada como “de cuajo”, es decir, de manera abrupta e irreversible. Además, la imagen no solo evidencia la muerte del señor Polk, sino que también es prueba de la brutalidad de la sociedad de X-ville y también de la perversidad de Rebecca, que muestra la foto con una fascinación morbosa, como si se tratara de un trofeo.