Me vi aburrida, anodina, inmune e indiferente, pero lo cierto es que estaba furiosa, hervía de rabia, mis pensamientos eran frenéticos y mi mente era como la de un asesino. Resultaba fácil esconderse detrás de aquella cara tan sosa, con aquel aire deprimido. La verdad es que creía poder engañar a todo el mundo. Y en realidad no leía libros sobre flores ni economía doméstica. Me gustaban los libros sobre cosas horribles: asesinatos, enfermedades, muerte.
En este fragmento, la narradora introduce tempranamente el conflicto interno que define a Eileen en la juventud, asociado al juego entre apariencia y realidad: la tensión entre lo que muestra y lo que realmente siente. Por un lado, presenta una apariencia aburrida e indiferente a lo que acontece, pero, por otro lado, experimenta pensamientos frenéticos y violentos, como los de un asesino.
Esta comparación no es inocente: resulta incómoda y advierte al lector sobre un posible desenlace. Además, la dualidad de Eileen se refuerza en su gusto por lecturas sórdidas y morbosas, que prefiguran su personalidad atormentada y perversa. La narradora advierte que la apariencia de Eileen es engañosa; ostenta una gran habilidad para ocultar sus verdaderos sentimientos bajo una fachada de sumisión. Esta subjetividad atormentada será clave para el desarrollo de la historia.
En una semana me escaparé de casa y nunca volveré. Esta es la historia de cómo desaparecí.
Esta cita corresponde a las primeras páginas y es una clave de lectura para la novela: con ella, la narradora anticipa desde el comienzo cuál será el desenlace de los acontecimientos narrados. En este sentido, el lector conoce muy pronto el final de la historia: que Eileen finalmente conseguirá irse de X-ville, y lo hará de manera secreta, como si desapareciera. Pero permanece en suspenso el proceso y los detalles de esa huida, lo que constituirá el núcleo argumental de la novela. Este recurso genera una expectativa constante, ya que la narradora dosifica la información y revela solo fragmentos, manteniendo así el misterio de su escape.
Además, la cita condensa el carácter metadiscursivo de la novela, en el sentido de que los sucesos son organizados por una narradora que elige cuidadosa y explícitamente qué y cómo contar su historia pasada. La cita también exhibe los juegos temporales que la novela desarrolla, alternando entre el presente de la enunciación y el presente de los acontecimientos narrados.
(...) me parecía que carecía de armas para competir con ellas: no tenía encanto, ni belleza. Todo lo que podía ofrecer era mi competencia como persona que recibe las bofetadas, una pared en blanco, alguien lo bastante desesperado para hacer cualquier cosa —excepto asesinar, pongamos— con tal de conseguir gustarle a alguien, por no hablar de que alguien me amara.
Aquí, la narradora evoca la mirada cruel que Eileen tenía sobre sí misma, que siempre la posiciona en una inferioridad respecto de otras mujeres. Obsesionada con su apariencia física y con la imagen que los demás se arman de ella, la Eileen joven padece el tormento de creerse fea e insignificante, insulsa y poco interesante. Esa obsesión encubre una necesidad imperiosa por ser reconocida, gustar y por ser amada, que encuentra su raíz en las carencias emocionales que Eileen ha padecido durante su infancia.
Su cruel autopercepción, por un lado, y ese deseo de ser amada, por el otro, determinarán su vínculo problemático con Rebecca. Esta representa todo lo que Eileen querría ser, y su obsesión por agradarle y ganarse su amistad la llevarán a hacer cualquier cosa. La aclaración entre guiones (“excepto asesinar, pongamos”) pone en alerta al lector, pues el matiz que introduce el “pongamos” genera sospechas sobre aquello que el personaje es capaz de hacer. En efecto, esa aclaración vaga funciona como anticipo, en la medida en que cuando Eileen debe enfrentarse a la posibilidad de asesinar, no opone demasiada resistencia.
Cuando robaba algo me sentía invencible, como si hubiera castigado al mundo y me hubiera concedido una recompensa, como si, por una vez, reparara una injusticia.
Entre las cualidades peculiares de Eileen se encuentra su hábito de robar, una acción que no solo es delictiva, sino que además constituye un proceder rebelde que se aparta de lo moralmente esperable para una muchacha de la época. En este fragmento, Eileen acaba de entrar al local de ropa en el que se prueba un vestido excéntrico, movida más por el deseo de aparentar que por las ganas reales de comprarlo. Pero como el vestido no le queda bien, Eileen despliega sobre sí misma su habitual mirada cruel y la proyecta también hacia afuera, imaginando que la mujer que atiende el local se burlará de ella también. Atormentada por esa perspectiva negativa que la disminuye, Eileen le hace un tajo al vestido y roba unas medias del local. En ese sentido, estas acciones simbolizan la rebeldía de Eileen contra los mandatos de belleza y buenos valores que su sociedad hipócrita defiende. Configuran una venganza con la que la muchacha se desquita contra ese contexto agresivo, como una manera de hacer justicia y compensar los dolores que el mundo que la circunda inflige sobre ella. De este modo, el lector comprende que estas actitudes de Eileen no son arbitrarias, sino mecanismos de defensa y desacato con los cuales esta muchacha está reaccionando a las demandas de la sociedad.
Podéis decir que mangaba en las tiendas, que era una pervertida y una mentirosa, desde luego, pero nadie lo sabía. Y ello me impulsaba a hacer cumplir aún más las normas, pues ¿no indicaba eso que vivía según un elevado código moral? ¿Que yo era buena?
En esta cita, la narradora deja entrever la hipocresía que caracteriza a la comunidad en la que creció. Ella reconoce que muchas de sus cualidades contradicen la imagen esperable de una muchacha en su entorno: roba, es mentirosa, tiene ideas perversas. Sin embargo, lo que importa verdaderamente en su contexto es que nadie se entere, que esas cualidades sean disimuladas con apariencias positivas. La manera en la que Eileen dibuja esas apariencias es mediante un cumplimiento riguroso de las normas en Moorehead, una exageración de obediencia a las reglas que imponen formas de conducta a los jóvenes internos y sus visitas. Con esas preguntas retóricas, la narradora parece subrayar la ironía que hay en ese juego entre apariencias y realidad. Revela cómo, para la mirada de la época, bastaba con mantener esas apariencias para que se tildara a alguien de buena persona, cumplidora de un código moral elevado, sin importar cuáles fueran sus verdaderas intenciones y valores.
Di rienda suelta a mis fantasías, primero celosa de Rebecca, luego de Lee, y pasando de uno a otro mientras consideraba sus papeles respectivos y cómo me habían traicionado, pues ya había decidido que Rebecca era mía. Era mi premio de consolación. Era mi billete de salida.
El fragmento citado analiza la complejidad psicológica y moral de Eileen, que se deja entrever en sus elaboraciones fantasiosas y sus obsesiones. La narradora expone, por un lado, las fantasías perversas de Eileen, su obsesión con Rebecca y Leonard, que se confunde con un deseo sexual encubierto y, a la vez, la sensación de traición por parte de ambos. Eileen es incapaz de reconocer que un encuentro de esas características entre Rebecca y el chico podría constituir un delito, puesto que Leonard es menor de edad, y además se encuentra en una posición vulnerable. Su personalidad dramática y egocéntrica la lleva a centrarse únicamente en cómo la situación la afecta personalmente, dominada por el temor de perder a Rebecca, que representa para ella la única vía de escape de la vida en X-ville. La cita exhibe también la posesividad de Eileen y su disposición a hacer lo que sea con tal de conservar a su amiga, anticipando el carácter que marcará el desenlace de la novela.
Es importante no olvidar, teniendo en cuenta lo que voy a pasar a relatar (que es todo lo que recuerdo de aquella velada) que nunca había tenido una amiga de verdad.
El fragmento antecede el relato de la Nochebuena y funciona como una advertencia de la narradora al lector, en un intento porque este no la juzgue. Con ella, la narradora le pide al lector que interprete lo que está a punto de leer considerando su profunda soledad y falta de experiencia en materia de amistades. El aviso genera un clima de suspenso y oscuridad, pues el lector sabe que las percepciones de la protagonista no son confiables y deberá estar atento a cualquier indicio que explique el peligro que se avecina. La cita también subraya la vulnerabilidad emocional de Eileen y su obsesión con Rebecca, elementos que la convierten en una presa ideal para caer en su trampa manipuladora.
Esta no es mi casa, Eileen —dijo Rebecca entonces—. Es la casa de los Polk. Tengo a Rita Polk atada abajo.
Esta confesión marca un punto de inflexión en la novela, ya que con ella se derrumban las apariencias y se revela la verdadera naturaleza de Rebecca. El fragmento expone el desequilibrio mental y la perversidad de la mujer, demostrando que su trato especial hacia Eileen tenía intenciones ocultas y manipuladoras. Además, esta cita marca el clímax de la novela, allí donde la trama deja de sugerir lo inquietante y se transforma abiertamente en un relato oscuro y criminal. El gesto de Rebecca de poner la mano sobre Eileen para hacerle esta confesión refuerza su carácter manipulado. En su dulzura, es un gesto diametralmente opuesto al hecho de tener a Rita Polk atada en un sótano. Por lo tanto, la cita no solo revela el secreto de la novela, sino que también altera la relación entre los personajes y el tono de la historia, sumergiendo al lector en una atmósfera perturbadora.
—Lo haré yo —propuse. No parecía tan terrible. De todos modos, la mujer no tenía ningún motivo para vivir.
La cita corresponde al momento en que Eileen acepta matar a Rita Polk, y refleja el grado de entrega e inconsciencia que ha alcanzado la muchacha. Por un lado, es el punto más extremo de lo que está dispuesta a hacer con tal de agradar a Rebecca. Por el otro, materializa la gran manipulación ejercida por esta última: no solo la ha arrastrado hasta el sótano, haciéndola cómplice de su secuestro, sino que ahora consigue que sea Eileen quien se deshaga de Rita Polk.
Hay una evidente disociación entre lo que Eileen se propone hacer y lo que piensa de aquello: la idea de matar a Rita no le parece tan terrible y se justifica asegurando que la mujer no tiene ningún motivo para seguir viva. Resultan monstruosos el pragmatismo y la insensibilidad de Eileen, así como la naturalidad con la que Rebecca acepta y se desentiende del asunto.
Aquella noche me vi como era de verdad por primera vez en la vida, una insignificante criatura que lucha por nacer, por convertirse en otra cosa.
En su último rato en su casa de X-ville, luego de que se ha separado de Rebecca, y mientras Rita Polk aguarda en el auto, Eileen se mira en el espejo por última vez. Descubre entonces que su expresión ha cambiado: no es la misma de antes; es una nueva persona. En este sentido, la cita retrata el juego de identidades que la novela construye. Señala el punto en el que la joven reconoce que se ha producido en ella una transformación irreversible. Es el umbral entre la Eileen del pasado y la mujer que, cincuenta años después, cuenta la historia de aquella. Para la narradora, es una transformación hacia su verdadera identidad, hacia la que quería ser. Por eso describe ese tránsito de una personalidad a otra como un nacimiento, como un logro, resultado de una lucha.
Evidentemente, los sucesos violentos en casa de Rita Polk tienen un impacto contundente en ese cambio. Resulta significativo que la narradora considere que son esos sucesos monstruosos los que hacen nacer su verdadera personalidad. En efecto, la lucha que Eileen parece haber ganado es la de rebelarse contra las normas sociales impuestas y elegir su propio camino de liberación.