Borderlands / La frontera

Borderlands / La frontera Resumen y Análisis Atravesando fronteras / Crossing borders, Capítulos 1-2

1. La patria, Aztlán

Resumen

El otro México

El primer capítulo de la obra se llama "La patria, Aztlán". En él, Anzaldúa escribe la historia de lo que hoy es la frontera entre el sur de Estados Unidos y el norte de México. Al mismo tiempo, comienza a relatar su propia historia de vida. El capítulo empieza comparando la frontera con los encuentros del océano y la tierra: a veces, son tranquilos; a veces, se trata de choques violentos. De inmediato, la autora cuenta que ha pasado su infancia entre los alambres de púas que separan Estados Unidos y México. Este alambrado es presentado como una herida que recorre el cuerpo de América y el cuerpo de la propia autora. Sin embargo, también recuerda que el mar está del otro lado de ese alambre, y que funciona como frontera nacional, extendiendo la patria en vez de separando países.

Anzaldúa examina la frontera como espacio definido por el encuentro de dos mundos diferenciados de manera artificial. Una frontera es el impacto emocional que la imposición de límites no naturales tiene en las personas que viven a su alrededor. La autora define estos pueblos en términos geográficos —son los habitantes de la frontera entre México y Estados Unidos—, y también de modo más figurativo: se trata de todas las personas que viven en un constante estado de transición y de precariead, como las personas queer, los transgresores y las personas no-blancas.

A lo largo del resto del capítulo, Anzaldúa alterna relatos más recientes e historias personales con la historia de las personas indígenas originarias del actual sudoeste de Estados Unidos. Cuenta el relato de Pedro, un hombre estadounidense, descendiente de cuatro generaciones de estadounidenses, que no habla inglés. Sin la capacidad de decirle a las autoridades de frontera que es un ciudadano estadounidense, Pedro es deportado hacia México, país que apenas ha visitado. La autora continúa narrando la historia de los primeros habitantes del territorio: existen registros de que los pobladores originarios han estado allí por, al menos, veinte mil años. Más tarde, estos pueblos se extienden hacia todo el actual territorio mexicano, donde los aztecas establecen un imperio. Anzaldúa resalta que, en determinado momento, los aztecas comienzan a inscribir la dominación masculina en su cultura, que se vuelve patriarcal.

El destierro / La tierra perdida

A comienzos del siglo XVI, España invade México y mata a la mayor parte de su población originaria. La llegada de los colonizadores y su práctica generalizada de violar mujeres indígenas crea lo que Anzaldúa llama una "nueva raza", las personas mestizas, "gente cuya sangre era mezcla de española e india" (44). La autora sostiene que, en consecuencia, los chicanos son "la población originaria del suroeste por partida doble. Los indios y mestizos del centro de México se casaron con indios de Norteamérica. La mezcla continua entre los indios mexicanos y americanos con los españoles dio lugar a un mestizaje aún mayor" (45). Los estadounidenses blancos comenzaron a ocupar estos territorios de manera ilegal recién en el siglo XIX. Cuando Estados Unidos gana la guerra contra México, que tiene lugar entre 1846 y 1848, tiene inicio la identidad chicana: se trata de personas de origen mexicano que habitan en una región fronteriza entre los dos países, distinta a ambos países y con características propias. Las manifestaciones del odio racial y el sistemático supremacismo blanco estadounidense hacen que, cada vez más, los chicanos se alejen de sus tierras ancestrales o deban relegarlas por motivos económicos. Con frecuencia, los chicanos trabajan tierras que pertenecen a otras personas como aparceros, al igual que el padre de Anzaldúa.

Cruzar el mojado / Illegal Crossing

En esta sección del primer capítulo se observan los movimientos migratorios desde México hacia el sudoeste estadounidense de fines del siglo XX, momento en el que la autora escribe y publica este libro. Muchos mexicanos migran hacia el norte por falta de oportunidades laborales en su país. Estas dificultades económicas son producto directo del imperialismo y del robo de tierras indígenas por parte de grandes corporaciones estadounidenses. Los mexicanos, nativos de tierras que ahora pertenecen a Estados Unidos, migran con la esperanza de obtener mejores condiciones de vida, pero son catalogados como invasores y como habitantes ilegales de esas mismas tierras. Anzaldúa termina este argumento volviendo al concepto de frontera. La frontera es la delimitación física entre dos naciones. También es el producto de la situación que enfrentan los migrantes mexicanos en Estados Unidos por verse forzados a decidir entre ser criminalizados o continuar viviendo en una brutal pobreza.

Análisis

Borderlands / La Frontera es un libro estructurado en dos grandes partes. La primera, la más extensa, se titula "Atravesando fronteras / Crossing borders", e incluye siete capítulos escritos fundamentalmente en prosa. A su vez, cada capítulo se organiza en secciones, cada una de las cuales lleva un subtítulo. Algunas de estas secciones son muy breves, pero otras se despliegan a lo largo de varias páginas. La segunda parte, titulada "Un agitado viento / Ehécatl, el viento", reúne poesías organizadas en seis segmentos. De modo general, esta obra combina diferentes géneros: integra memorias autobiográficas de la autora con la historia, la teoría crítica y la poesía. Además, en sus capítulos iniciales se entremezclan citas de autoridad, refranes y dichos populares. Asimismo, el lenguaje de Gloria Anzaldúa usa diferentes registros en un mismo texto, pasando de uno más académico y formal a un modo vinculado con la oralidad, con el habla coloquial.

El primer capítulo de la primera parte se titula "La patria, Aztlán" e incluye tres segmentos. Está encabezado por una poesía que contextualiza las reflexiones críticas sobre la frontera como espacio físico y como metáfora de la mezcla de culturas. Allí leemos: "estoy en el borde donde la tierra toca océano / donde los dos se solapan / en un dulce encuentro / en otros lugares y momentos un choque violento" (39-40). Se trata de un espacio marcado por la violencia, pero que también ofrece posibilidades para la transformación positiva.

Además, en este capítulo se presenta la existencia de dos bandos que se disputan el territorio fronterizo. Cada uno de ellos tiene su propia justificación para defender que dicha tierra le pertenece. Los Estados Unidos, por un lado, claman que el sudoeste de su actual territorio les pertenece basándose en su poder. Con el uso de la fuerza militar, los mexicanos que habitaban esas tierras han sido expulsados, en un ejemplo de cómo el supremacismo blanco les quita sus tierras y su libertad a las personas no blancas, y del uso de la legislación para establecer quiénes son ciudadanos y quienes son marcados como migrantes ilegales. Por el otro lado, las personas indígenas, habitantes originarios de esas tierras, defienden su derecho histórico: habitan estas zonas desde hace más de veinte mil años. Entre los potentes fragmentos poéticos que se integran en este capítulo, destaca uno en que la autora asegura: "Esta tierra fue mexicana una vez, / fue india siempre / y lo sigue siendo. / Y lo volverá a ser" (42). Estos versos se repetirán hacia el final de la obra, reforzando la importancia de tal afirmación. Anzaldúa sugiere que, irónicamente, los habitantes originarios son tratados como ilegales cuando la ocupación blanca del territorio es ilegítima. La tierra volverá a ser la patria de aquellos que han vivido allí por milenios, no por el ejercicio de un poder violento, sino por el poder de la historia y la ancestralidad.

Una de las ideas principales que la autora introduce en este capítulo es el concepto de "frontera" o "borderland": "Un territorio fronterizo es un lugar vago e indefinido creado por el residuo emocional de una linde contra natura" (43), es decir, se define por la imposición de límites no naturales para dividir naciones, producto del imperialismo. A partir de ello, Anzaldúa propone que el impacto de las fronteras va más allá de los límites físicos, como la frontera entre Estados Unidos y México, que es el principal referente de este capítulo. La autora propone que la frontera también es una manifestación del poder, ya que marca algunos lugares como seguros y otros como inseguros, dividiendo a las personas entre "nosotros" y "ellos". En ese sentido, son personas que habitan la frontera todos aquellos marcados como ilegales porque sus existencias atraviesan límites. Este concepto ha sido muy influyente en el campo de los estudios poscoloniales, los estudios feministas y los estudios queer, para analizar cuestiones relacionadas con la raza, la etnicidad, el género, la sexualidad y las clases sociales, entre otras.

2. Movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan

Resumen

La fuerza de mi rebeldía

En el segundo capítulo, la autora vuelve a su historia individual. De joven, elige irse de su casa y dejar a su familia, convirtiéndose en la primera de seis generaciones en dejar el sudoeste. Anzaldúa dice haber tenido siempre una clara noción de su propia identidad lesbiana, y se rehúsa a abandonar sus propios intereses para hacer cosas que no le gustan, como dedicarse solamente a las tareas domésticas. Le atribuye esta testarudez a su rebeldía interior, a la que llama "la Bestia Sombra" (56).

Tiranía cultural

Más que contra su familia, Gloria se rebela contra su propia cultura, que describe como el producto de intereses masculinos, porque son los hombres quienes ejercen el poder en este grupo. Así, los hombres imponen reglas y restricciones a las mujeres, y estas les transmiten tales reglas a sus hijos. Anzaldúa argumenta que el patriarcado se sostiene sobre el miedo que los hombres les tienen a las mujeres. Por ese miedo, las tratan como otredad, como seres peligrosamente diferentes. Por ese miedo, los hombres sienten que deben limitar el poder de las mujeres con reglas, para protegerse de ellas. Esto genera roles de género definidos de manera muy rígida.

Mitad y mitad

En contraste con la asimilación descrita en la sección anterior, Anzaldúa propone lo queer como alternativa. Describe a una mujer que ha vivido cerca de su casa y que ha sido marcada como "otra" por los vecinos porque se rumorea que durante medio año tiene vagina y, durante la otra mitad, pene. Anzaldúa ve esta duplicación como modo de encuentro positivo entre dimensiones opuestas, y ve representada en ella su propia identidad queer.

Homofobia: miedo de ir a casa

La autora describe su lesbianismo como una elección: elige ser rebelde e incorpora las oposiciones internas de la identidad queer. Es un camino difícil, porque significa que su propia madre, su tierra de origen y su cultura la rechazan. No obstante, Anzaldúa celebra a las lesbianas que abrazan su Bestia de Sombra, es decir, su rebeldía interna. También especifica que, aunque ha abandonado su casa en términos geográficos y físicos, no deja de mantener una conexión indeleble con la cultura chicana, porque ha crecido inmersa en ella y en los orígenes mexicanos de su linaje.

La herida de la india-Mestiza

En lugar de elegir entre una cultura blanca, chicana o indígena —las tres marcadas por características patriarcales y expectativas misóginas—, Anzaldúa expresa el deseo de crear su propia cultura, una en la que pueda existir en libertad. En parte, ancla este espíritu rebelde en su ancestralidad indígena, en esas mujeres indígenas/mexicanas que han sido marcadas como traidoras por los mestizos por tener relaciones sexuales o ser violadas por hombres blancos. Anzaldúa identifica esta culpabilización como una traición profunda, y destaca que estas mujeres indígenas nunca dejan de dar batalla contra la opresión, aún cuando son silenciadas, invisibilizadas o ignoradas.

Análisis

En el segundo capítulo, Anzaldúa aplica una perspectiva similar con respecto al espacio de su infancia y su propia relación con el hogar y la familia. La autora asegura que ella también habita en la frontera, porque, a pesar de haberse ido de su tierra natal, lleva consigo su hogar y sus orígenes; la cultura mexicana, la cultura indígena y la cultura chicana forman parte de su sistema de pensamiento, sentimiento y valores, sin importar dónde se encuentre viviendo. Esta construcción permite una relación más individual con la cultura, sin depender de comunidades que la han violentado o expulsado. Anzaldúa asegura que es posible articular múltiples legados culturales en los lugares y espacios que cada uno elige para habitar.

El segundo capítulo también incluye una visión feminista en relación con la idea de frontera. Como la frontera entre Estados Unidos y México, las normas sociales rígidas con respecto al género y la sexualidad existen porque aquellos que detienen el poder (en este caso, los hombres) establecen límites artificiales entre hombres y mujeres, entre lo femenino y lo masculino. Anzaldúa resalta que, como en el caso de las fronteras entre países, una idea de seguridad y protección se aplica a la división binaria de géneros. Los hombres tienen miedo de las mujeres, creen que son peligrosas y, por lo tanto, las oprimen para sentirse seguros. Así, impiden que las mujeres ejerzan el poder. La autora propone que las identidades queer, que habitan en la frontera entre la masculinidad y la feminidad, pueden desafiar el patriarcado y crear modos de imaginar culturas alternativas; un futuro más justo, menos violento y más igualitario para todas las personas.