Resumen
Acto IV, Escena 1
Martín y Federico, dos nobles de la corte del emperador alemán, conversan sobre acontecimientos recientes. Bruno, elegido por el emperador para ser papa, ha regresado desde Roma montado en una furia. Con él ha venido el ya célebre conjurador Fausto, para deleitar a la corte y poner en presencia de Su Majestad a su ancestro Alejandro y a su hermosa amante.
Luego, los cortesanos despiertan a su amigo Benvolio, quien se quedó profundamente dormido después de emborracharse, e intentan convencerlo de asistir al espectáculo de Fausto. Él se niega a hacerlo, aunque se dispone a observar la demostración desde su ventana.
Acto IV, Escena 2
Carlos, el emperador alemán, está reunido en la corte con Bruno, Sajonia, Federico, Martín y otros cortesanos. Mientras, Benvolio los observa desde su ventana. Cuando el emperador recibe a Fausto, agradeciéndole la liberación de Bruno, aquel lo adula, prometiéndole realizar las maravillas que desee. Entonces, Benvolio expresa su escepticismo, y pronto afirma que, si Fausto trae a Alejandro, él se convertirá en ciervo, como el mítico Acteón. A continuación, Fausto le responde que él hará de Diana y le pondrá cuernos, e, inmediatamente, hace ingresar sombras que se asemejan al emperador Alejandro y al rey Darío. Ambos representan un enfrentamiento donde el primero mata al segundo y, luego, le entrega a su mujer la corona del difunto, cuando ella sale a su encuentro.
Alejandro y su mujer saludan, a continuación, al emperador Carlos, quien desea abrazarlos. Sin embargo, Fausto lo impide, advirtiendo que se trata solo de sombras. Más tarde, Carlos confirma que la esposa de Alejandro tiene un lunar en el cuello y se muestra aún más complacido: “esta visión me complace más / que si ganara otra monarquía” (4.2. 68-69).
Enseguida, Fausto expulsa a las sombras y hace que le crezcan cuernos a Benvolio, mientras el cortesano duerme. Luego, cuando se despierta, Fausto lo amenaza con invocar a una jauría de sabuesos para que lo ataquen, y Benvolio le pide al emperador que interceda por él para detenerlo. Carlos, entonces, le pide a Fausto que le restituya al caballero su forma humana, señalando que su súbdito ya ha hecho suficiente penitencia, y el conjurador accede. Luego, este afirma que realizó aquel hechizo para deleitar al emperador con una diversión, y le advierte a Benvolio que, a partir de entonces, debe hablar bien de los estudiosos.
Aparte, Benvolio planea su venganza, indicando que, si los estudiantes realizan tales maleficios contra hombres honestos, jamás volverá a confiar en ellos. Finalmente, el emperador elogia a Fausto y le promete un alto cargo en el Estado.
Acto IV, Escena 3
Entran Benvolio, Martín, Federico y unos soldados. Martín intenta disuadir a Benvolio de su intento de venganza contra Fausto, pero el caballero se niega y, entonces, sus amigos deciden apoyarlo. Federico parte con los soldados para preparar una emboscada, y regresa pronto, advirtiendo que Fausto se aproxima. Cuando el conjurador llega, Benvolio lo ataca y le corta la cabeza. Entre los tres amigos planean profanar su cabeza, pero Fausto se incorpora, con una cabeza nueva, y afirma que es invulnerable hasta que se cumplan los veinticuatro años que vivirá sobre la Tierra.
Con ánimo vengativo, Fausto invoca demonios y les ordena, primero, que se lleven a los cortesanos al cielo, y que desde allí los arrojen al infierno. Luego, se retracta, y para que el mundo vea la miseria de estos, ordena a los demonios llevar a uno ellos a un lago de cieno; a otro, arrastrarlo por un bosque espinoso, y al tercero, arrojarlo por una roca escarpada. Luego de que los demonios se llevan a los tres hombres, llegan los soldados y se enfrentan con Fausto, pero este los derrota convocando a un ejército de demonios.
Acto IV, Escena 4
Benvolio, Martín y Federico se reencuentran. Los tres tienen cuernos en sus cabezas. Benvolio se niega a tomar venganza, puesto que presiente que sería inútil, y propone que los tres se retiren a vivir ocultos en un castillo que posee cerca de los bosques, hasta perder su aspecto bestial.
Análisis
El Acto IV presenta los acontecimientos que había anunciado el coro en el Acto III (3.120-123): Fausto, cuya fama ya se ha extendido por el mundo, se presenta en la corte de Carlos V. La primera escena tiene lugar en la corte del emperador Carlos (Carlos I de España y V de Alemania), quien vivió entre 1515-1556, y con cuyo imperio coincidió la vida del histórico Fausto, en quien se inspira la obra.
La primera escena es introductoria: dos nobles comentan la llegada de Fausto, quien traerá con su magia al emperador a Alejandro Magno (365-323 a.C.) y a su esposa Roxana. También se presenta aquí a Benvolio, un caballero que se muestra bastante indiferente respecto a la magia y prefiere ver el espectáculo de Fausto desde su ventana.
En la escena siguiente, la reacción excesiva del emperador frente al espectáculo de Fausto, en el cual se ven “solo sombras, no sustancia” (4.2. 55), tal como afirma el conjurador, puede interpretarse como una crítica hacia los hombres del mundo y, sobre todo, hacia quienes ostentan el poder. En este sentido, podemos observar que nadie en la corte se horroriza por la relación de Fausto con el diablo; más bien, se muestran impresionados con su poder, y no pueden ver que sus actos carecen de principios (como lo demuestra el excesivo castigo hacia Benvolio por sus comentarios sarcásticos, con el único fin de deleitar al emperador).
Por otro lado, los cuernos que Fausto hace aparecer en la cabeza de Benvolio son un símbolo tradicional de humillación de un marido engañado por su esposa. Asimismo, el episodio remite a una extendida tradición literaria en la que un hombre es engañado por su esposa con un estudiante, tras alojar a este en su casa. De ahí que la afirmación de Benvolio ante los cuernos que le crecieron puede interpretarse en dos sentidos: “Si los estudiantes son hacedores de cornudos, aplicando cuernos en la cabeza de los hombres honestos, jamás volveré a confiar en caras lampiñas y gorgueras chicas” (4.2.115-117): en un sentido literal, los estudiantes (o eruditos) son hacedores de cuernos (como Fausto, quien hizo crecer cuernos en la cabeza de Benvolio); en un sentido metafórico, los estudiantes son capaces de tener relaciones ilegítimas con mujeres casadas. Por un motivo u otro, Benvolio afirma que no volverá a confiar en ellos.
Además, el episodio remite al mito de griego de Acteón y Artemisa (o Diana), que Marlowe conocía, probablemente, en la versión del poeta Ovidio. El cazador Acteón fue transformado en ciervo por la diosa Diana, luego de que ella lo descubriera observándola mientras se bañaba desnuda en un bosque. Después, la diosa envió a los perros del propio Acteón para que lo devoraran. Fausto, por la arrogancia de Benvolio, promete poner cuernos en su cabeza (“yo haré de Diana y te pondré cuernos inmediatamente”, 4.2.53), y después amenaza con traer “una jauría de sabuesos para cazarlo” (4.2. 97).