El canto de los pájaros (Imagen auditiva)
La narradora utiliza la imagen auditiva del canto de las aves para describir un escenario que se torna fúnebre y misterioso. Se trata de una ocasión en la que ella y su hijo se internan en el bosque e imitan el sonido de las aves. Entonces, la narradora comenta: "Nos respondieron las aves diurnas y nocturnas y hubo ese grito sereno que se torna fúnebre a la mitad. Esa vocal simpática Aa que se vuelve consonante ronca, temible Oj. El pájaro que grita y es dos pájaros. Sano e insano. Manso y asesino" (70). A continuación, la narradora sumerge al niño en el agua helada y este languidece, de modo que, como el canto de las aves, el curso de los acontecimientos se vuelve temible.
La tala de un árbol (Imagen auditiva y visual)
La narradora describe a su marido talando un árbol mediante la imagen auditiva del ruido de la sierra y las imágenes visuales de los trozos de madera y sus residuos en el aire:
Mi marido corta leña con el bebé en el cochecito. Escucho la sierra. El niño mira fijamente los pedazos de madera que se quiebran, se desprenden del tronco y caen. El niño mira a su mamá romperse, desmoronarse. Pero sonríe al ver los residuos en el aire y piensa que son copos de nieve oscura sin preocuparse por mí, alegre con la preparación al invierno. Debe pensar que tiene una madre estándar a la que dar los primeros dibujitos del jardín. A su lado, un árbol antes pleno de vida se deshilacha" (61).
Como observamos, estas imágenes se vinculan al cuerpo de la madre, dolorido por sus heridas, y acaso también a su desmoronamiento psíquico.
Cadáveres vacunos vistos desde un puente (Imagen visual)
En un momento de sobremesa, la narradora evoca la imagen de vacas que mueren arrastradas por una corriente de agua, y que se vuelven indistinguibles observadas desde la altura. La imagen puede leerse como un presagio funesto de la muerte de Bloodie. Además, aquellos animales sorprendidos por la fuerza de la naturaleza mientras beben agua parecen mostrar la arbitrariedad del destino y el desamparo al que están sometidos todos los seres. En ese punto, el hecho de que se confundan los cadáveres vacunos con hombres o piedras muestra la indistinción de las especies al respecto: "A esta hora en el río pasan vacas flotando con las patas duras hacia arriba, vacas sorprendidas por la corriente en el momento de beber. Esos cadáveres vacunos que vistos desde el puente colgante son piedras u hombres" (40).
Los dientes del suegro de la narradora (Imagen visual)
La narradora irrumpe el relato de la muerte de su suegro con una observación que despoja al evento de toda solemnidad: “Frente a su tumba vi con extrema nitidez sus dientes. Siempre le dolían o se los estaba limpiando con cepillito mientras te hablaba” (28). La imagen de sus dientes y el recuerdo de que le dolían y que se los cepillaba mientras hablaba remiten a un gesto cotidiano y banal. De esta manera, su recuerdo queda asociado a una trivialidad, lo que destaca la intrascendencia de la vida de aquel hombre.