Matate, amor

Matate, amor Citas y Análisis

Me recliné sobre la hierba entre árboles caídos y el sol que calienta la palma de mi mano me dio la impresión de llevar un cuchillo con el que iba a desangrarme de un corte ágil en la yugular.

Narradora, 7

La primera frase de la novela evoca la idea del suicidio. La narradora se presenta así, mostrando la violencia y los deseos destructivos que despiertan en ella las circunstancias en las que vive.

Somos parte de esas parejas que mecanizan la palabra «amor» hasta cuando se detestan; amor, no quiero volverte a ver.

Narradora, 9

Ya en las primeras páginas de la novela, la narradora pone en evidencia el declive de su relación conyugal. Esta frase muestra que la pareja mecaniza la palabra "amor" hasta vaciarla de valor afectivo. Además, el ejemplo nos remite al título de la obra, Matate, amor, que reproduce el mecanismo que la protagonista advierte en la forma de hablar con su marido.

¿No te relaja la luna? Acercate al lente, mirala hoy porque no será la misma mañana, esos cráteres grises, me dan ganas de comerla ¡o de fumarla! Yo miré la luna, pero en realidad recordé el sonido del llanto, mi cuerpo segregando adrenalina, impaciente por que pare de llorar (...). Me hubiera gustado estar en el Apolo, ¿me escuchás?, o en cualquier misión al espacio exterior…, ¿me seguís? En el Apolo mirando la Tierra alejarse… ¡Shhh! ¿Llora? ¿Dónde ves que llore? ¡Te estoy hablando de la luna!

Narradora y el marido, 14

Este fragmento, al comienzo de la novela, pone en evidencia el desencuentro en el diálogo de la pareja. Podemos advertir que, mientras el marido habla de la Luna, de la misión espacial Apolo y del espacio exterior, la atención y los recuerdos de la narradora se centran en el llanto del hijo. Al mismo tiempo, la atención del marido, enfocada lejos del planeta Tierra, da cuenta de su falta de percepción de la realidad de su entorno.

Me gustaría tener de vecinos a Egon Schiele, Lucien Freud y Francis Bacon, así mi hijo podría crecer y desarrollarse intelectualmente viendo que el mundo al que lo traje es algo más interesante que este abrir las lumbreras desde donde no se ve.

Narradora, 23

Esta frase permite observar que la narradora desea criar a su hijo en un entorno intelectualmente estimulante. Sin embargo, como en más de una oportunidad señala, el lugar en donde vive carece incluso de las condiciones apropiadas para criarlo. A propósito, la protagonista comenta unas páginas antes: “Yo sola pude haber elegido para criar a mi hijo esta fauna llena de fans de punk rock consumidores de ácido, con moretones allá y acá producto de caídas accidentales y de lugares comunes de la autodestrucción” (21).

No importa que pasara la mañana entera pensando cómo traducir mi estado de encierro. No importa que caminara a lo largo del río seco y verduzco recorriendo mentalmente mil palabras sin encontrar la correcta. (…) No importa si pensás en un soneto de Shakespeare, si hurgás en tu consciencia buscando un minuto en el que hayas sido libre y que no encontrás. No importa el cerebro y sus referencias, sus elucubraciones, su indagación de símbolos, su afán. Importa qué hacés, adónde vas, si te movés.

Narradora, 63

Este pasaje pone de manifiesto, por un lado, la falta de libertad que siente la protagonista a causa de las condiciones en las que vive. Por otro lado, deja ver la opresión que ejercen sobre ella las expectativas sociales de su entorno, quienes parecen preponderar las acciones visibles frente al pensamiento o la reflexión.

El ciervo se detiene como embalsamado, los ojos de vidrio. Está conmovedoramente quieto. Él es mi hombre. El que sabe mirar mi tristeza infinita. Los otros son apenas hombres. De qué sirve ser uno de ellos si el idioma que hablan no alcanza. A mi hombre le falta humanidad, es cierto, pero quién quiere humanidad.

Narradora, 71

En un entorno donde parece predominar la incomprensión humana (especialmente de parte del marido y de la familia política de la narradora hacia ella), el ciervo se presenta como el único capaz de comprender su sentimiento. Además, como sugiere en el pasaje anterior, cuando se refiere a su imposibilidad de "traducir" su estado de encierro, acá la protagonista pone de manifiesto la insuficiencia del lenguaje para poder expresar lo que siente, en tanto "el idioma que hablan [los humanos] no alcanza".

(...) es imposible hacer otra cosa que ser madre. Y dale con el llanto, llora, llora, llora, me va a trastornar. Soy madre, listo. Me arrepiento, pero ni siquiera lo puedo decir. A quién.

Narradora, 99

En este pasaje, la narradora muestra el tedio que le produce la maternidad. La idea se repite en otras ocasiones. Por ejemplo, ella sostiene: "Ser madre es tan poco excitante" (101). En el fragmento observamos además que la protagonista manifiesta explícitamente sentirse arrepentida de ser madre, y deja ver que no tiene con quién compartir su padecimiento.

El reflejo del primer cuchillo con el que soñé volvió a mi mano. Si en vez de penitencia hubiese sido una internación, si en vez de casa de reposo hubiese sido un manicomio en serio, no tendría este facón en mi mano.

Narradora, 149

Hacia el final de la novela se repite el motivo del cuchillo que encontramos al inicio. Esta vez, el reflejo se produce al calor del fuego de una chimenea. De cualquier forma, el acontecimiento sirve para mostrar que las condiciones de vida de la protagonista no cambian, y aún despiertan en ella violencia y deseos destructivos. Al mismo tiempo, la visión da lugar a una crítica al establecimiento psiquiátrico donde la narradora permaneció internada, cuyas prácticas, ahora ella observa, resultaron ineficientes.

Frente a frente, no dijimos nada, qué asco hablar. Nos besamos.

Narradora, 152

En la relación de la narradora con su amante, el lenguaje se muestra como innecesario. En más de una ocasión, en sus encuentros, prevalece el silencio, pero es un silencio diferente al que se produce, a veces, entre la narradora y su marido, y que ella describe como un "silencio penoso" (130), "[un] silencio más callado que todos los vividos" (154) o "más ahogado que el anterior" (Ídem.), y con el que destaca, por el contrario, la incapacidad de hablar entre ellos.

El primer momento fue puro dolor. Ese tipo de dolor que no se comparte ni con uno mismo. Estuve de luto mucho tiempo, pero en un momento tuve, como la viuda cuando pone la llave en la puerta de su casa, por primera vez, como cuando cena sin hablar, por primera vez, como la viuda cuando se acuesta sola, por primera vez, una tristeza excitante, salvaje.

Narradora, 155

En el fragmento final de la novela, la protagonista se separa definitivamente de su familia. El pasaje da cuenta del dolor que la separación le produce inicialmente. El alejamiento aparece asociado a la idea de la muerte, por la comparación de la experiencia de la narradora con la de una viuda y por el uso metafórico del término "luto". Pero, al mismo tiempo, la repetición del sintagma "por primera vez" sugiere la idea de un renacimiento, de la posibilidad de ingresar a una vida que ella percibe como excitante y salvaje.