Matate, amor

Matate, amor Metáforas y Símiles

"Ella, una visión alucinada y naranja y yo un zorro loco al costado de la ruta" (Metáfora) (32)

El vecino que deviene amante de la protagonista utiliza esta metáfora, por medio de la cual se identifica con un zorro. En esta oportunidad, él narra que la observa a ella todas las tardes, al volver de su trabajo, desde la ruta. Así, la figura del zorro que evoca remite a lo sagaz, sigiloso y salvaje de la actitud del hombre, que merodea las inmediaciones de la casa. También, el personaje se presenta como alguien que amenaza el espacio doméstico y que podría atacar a la protagonista. La metáfora destaca además el carácter del personaje, dominado por el instinto.

"¿Pero qué iba a decirle? ¿Qué se puede decir? ¿Entró en mí como una serpiente entra en la boca de un cocodrilo? ¿Como una serpiente se devora, se lastra, lenta pero irreversiblemente, un pájaro?" (Símiles) (56)

La narradora utiliza dos símiles del mundo animal para aludir a la relación sexual que mantiene con su amante: "Entró en mí como una serpiente entra en la boca de un cocodrilo" y "Como una serpiente se devora, se lastra, lenta pero irreversiblemente, un pájaro". En ambos casos, los símiles remiten al acto de comer; más precisamente, cuando una especie come a otra, lo que da al acto sexual que se describe un carácter salvaje y violento.

Miro la noche y me parece un baúl con candado. Un viejo vagón que va al infierno (61) (Símiles)

Los símiles a los que recurre la narradora para referir a la noche dan cuenta de la situación sofocante en la que se encuentra. La noche se compara con "un baúl con candado" y con "un viejo vagón que va al infierno" para poner de manifiesto la falta de libertad que experimenta. Ambos símiles permiten pensar también que ella percibe que su declive es inexorable.

"Y yo seguí que no, que no, pero me había envenenado su pelo negro. Algo clásico" (64) (Metáfora)

La narradora utiliza una metáfora muy extendida (tal vez por eso comenta "algo clásico"), que compara la atracción que siente por su amante con un veneno. La metáfora deja ver que la relación entre ambos implica un peligro o puede ser dañina. También permite pensar que su cuerpo, como el de quien está envenenado, está fuera de control o alterado, en este caso, a causa del deseo.

“Soy un venado asustado, tiernito, infeliz” (Metáfora) (108)

La narradora permanece aislada en un pastizal tras discutir con su marido. La metáfora, mediante la cual ella se compara con un venado o ciervo, destaca la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra. También podemos observar una identificación análoga en otra oportunidad en la que la protagonista se interna en el bosque con su hijo: "Escuché un disparo y di vuelta la cabeza con la misma intriga cándida de los bambis" (70).